2 de abril “Día del veterano y de los caídos en la Guerra de las Malvinas”

Camila Pinto Hammerschlag, estudiante de 3º año del nivel secundario, escribió un cuento para compartir el 2 de abril “Día del veterano y de  los caídos en la Guerra de las Malvinas”.
Los invitamos a leerlo.


Soldados Caídos.

   Las explosiones de las bombas aún resonaban en mis oídos. Cubría mis orejas con ambas manos, pero no lograba amortiguar el sonido, sentía que mis tímpanos iban a estallar en cualquier momento. Las lágrimas comenzaron a brotar de rincones de mi mismo que no conocía hasta ese instante. Con una mano me aferré a la carta que me había llegado de mi familia un día antes, era lo único que lograba reconfortarme de alguna forma. En la carta decía que me habían mandado comida para que no sufra de hambre como sufría en aquel momento, pero nunca me había llegado, algunos decían que los retenían para hacer controles, aunque yo sabía que nunca nos llegaría lo que nos enviaban. Tenía muy en claro cuál sería mi destino, y se acercaba más rápido de lo que esperaba.

     Toqué la herida que se encontraba en mi estómago aún abierta, no paraba de sangrar. Hice una mueca de dolor y solté un pequeño grito en la noche fría del mes de abril. Debía ser fuerte por mi familia y por todo lo que había dejado atrás. Sobre todo debía mantenerme de pie por aquellos compañeros caídos que no lograron sobrevivir a esta tortura, por mi gran amigo. Creía que no había nada peor que no comer por días enteros y que se me estrujaran las entrañas, pero verlo tirado en el suelo con una herida mortal me hizo comprender todo. Me destruyó en segundos, me rompió por completo. Tuve que cargar con él sobre mi espalda mientras lloraba en busca de ayuda para él, aunque yo supiera que no había salvación para él. En el camino se me cruzaron todos los recuerdos desde que éramos niños y jugábamos con soldados de plástico, nunca hubiéramos imaginado que pronto seríamos dos de ellos. Al dejarlo en una de las carpas, no volví a verlo, no sabía nada de él.

    Cada vez éramos menos y me sentía solo, muy solo. Era débil, era tan solo un niño de dieciocho años en medio de una tormenta de explosiones. Era un niño y ellos no lo comprendieron cuando mandaron a chicos como yo a la guerra. Nos hicieron combatir en una batalla que sabían cómo iba a acabar, con decenas de cuerpos que se desconocían sus identidades y luego sus familias buscarían un lugar en el que rezar por sus pequeños, cuyas vidas habían sido arrebatadas por un estado totalmente irresponsable y enfermo. Yo no quería ser uno de ellos, deseaba volver y encerrarme en los brazos de mis padres, sentir el calorcito de mi casa y aquel olor característico de comida recién preparada. Necesitaba quedarme en su abrazo para siempre y nunca salir. Deseaba volver y ayudar a mi hermano pequeño con su tarea, necesitaba decirle que nunca haga lo que le imponen cuando lo cree injusto. Quería volver a casa y hacer lo que un joven como yo hacía, vivir normalmente.

    El dolor era mucho más fuerte que yo, era mi final. Lloré. Lloré por mí y por todos nosotros. Los recuerdos se amontonaban en mi mente, mi vida anterior a esta. Era un muchacho feliz hasta que arrebataron todos y cada uno de mis sueños por la disputa de un territorio. Finalmente, el suelo de aquel lugar había quedado sucio con cuerpos de chicos inocentes enviados a combatir un conflicto que les costaba la vida. Habían arrebatado las sonrisas a aquellas familias que ahora se encontraban pegadas a la radio esperando noticias de sus hijos, que la mayoría de las veces eran falsas. En el campo de batalla solo quedaban las huellas de los jóvenes cuyas vidas habían sido arrebatadas de sopetón. Y, por supuesto quedaba yo, hasta que oí el sonido de una gota derramarse y un gran vacío en mi interior; había derramado la última gota de sangre que me quedaba. Mi mano cayó a un lado y mis extremidades no respondían a las órdenes que enviaba mi cerebro. Todo acabó en ese momento, yo fui otro de los soldados caídos.

2 de abril de 1982.

  • Instituto Susini

    Incorporado a la Enseñanza Oficial A-105
    NIVEL INICIAL, PRIMARIO Y SECUNDARIO

    Av. Juan Bautista Alberdi 1948
    Flores • Ciudad Autónoma de Buenos Aires
    Tel. 4631-6954 / 4631-1866 / 4632-3847